Los mejores años

Por mucho que no nos guste el colegio, esa es una de las mejores etapas de nuestra vida. Es nuestro segundo hogar por 12 años, es el lugar donde nos educan y nos llenan tanto de grandes conocimientos como de valores esenciales para la vida de cualquier persona.  En este vivimos momentos únicos que jamás se repetirán  y que nunca olvidaremos, buenos o malos, hacen parte de nosotros, de nuestra historia y hacen lo que somos hoy. Es nuestra introducción a la realidad en la que vivimos, gracias a este descubrimos en que somos buenos, nuestras habilidades que un día estarán al servicio de la comunidad, una sociedad en la que si no estudias, entonces no eres nadie.

Antes del colegio pasamos por una fase previa a este, la guardería. Ahí aprendemos a desarrollar nuestra capacidad de comunicación y de relación con los demás, nos separamos de los padres para entrar en un mundo nuevo y desconocido  donde nos preparan para ser independientes en la vida escolar posterior. Este proceso fue algo traumático para mí, duré más o menos unos 2 meses en el jardín de niños; a pesar de que la maestra era muy buena persona, no me gustaba para nada ese lugar. La primera vez que mi mamá me llevó, lloré como nunca antes había llorado, no me quería despegar de ella; cuando  por fin logró irse, me quede llorando, y no solo fue por ese día, fue por casi una semana. Diariamente me llevaba en la parrilla ubicada en la parte trasera de su bicicleta y me dejaba ahí, al entrar me sentaba en mi sitio correspondiente y no me paraba hasta la hora de salida, ese grandioso momento en el cual podía regresar a mi hogar. Irónicamente, después de 10 años, regresé para pagar mi labor social, y siendo sincero, fue una de las mejores experiencias que he vivido.

Mi inicio en el colegio fue igual de terrible. En el primer día de clases lloré histéricamente, y literalmente le pegué patadas a la profesora; ella me tomó y me condujo hasta el salón, mientras veía a mi madre a través de las rejas despidiéndose. Mi único consuelo fueron los demás niños que también estaban sufriendo igual que yo. Con el pasar del tiempo fui adaptándome al entorno escolar y empecé a mejorar mis relaciones interpersonales con los demás niños, formé nuevas amistades, amistades efímeras que solo durarían ese año.

Entrar a primero fue algo totalmente distinto a lo demás, todo transcurrió con normalidad y nada de pataletas, era hora de concentrarme en el estudio y conseguir nuevos amigos. Aún no estaba adecuado totalmente a la escuela, y esto generaba un poco de temor en mi hacia las cosas nuevas.

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